martes, 26 de febrero de 2013

Cartas anacrónicas a un amor perdido.



Buena luna, mar de mi alma.

Te quise y te quiero; esa es la historia.

Y si no es mucha molestia, permitidme deciros una vez más que yo os quise y os quiero; aunque el orgullo embargue, la demencia azota y bajo esta hermosa luna, no puedo más que evocar, cada una de las glorias que a mi alma dio, como devolvió la vida a mis letras; cada poema recitado esta tarde, estaba impregnado de ti, de los momentos, las glorias y los dolores; mientras escuchaba recitar a Bécquer, recordaba tus ojos mirándome en la eternidad, cantando lo inefable; siendo para mí, la verdadera poesía. Cada palabra dicha salía de lo más profundo de mi alma, aún si no eran mías, lo eran porque en ellas iba impregnada yo, por el más hondo sentimiento... TÚ

Tus ojos, jamás dejarán de ser míos, están tatuados en mi alma, tu mirada, la más hermosa consumación; tu no conoces de la eternidad que yo daría, por otro sublime instante.

Esos, señor, son mis clamores internos, que por momentos se calman y parecen desaparecer y sin embargo, en días como hoy de indudable Poros, no pude salvo ser Penia mientras tristeza y vacío arrasaban con mi venas, desgarrándome por dentro, mientras escuchaba a otros, recitar lo que con en alma declamé para ti.

Vuelve; mi poesía está vacía sin ti. Di la palabra; vuelve a mí.

Me tienes aquí, con mi melancolía; clamando por ti, mar de mi alma, permíteme volverme una vez más en ti. Róbame, río de mi alma, róbame del vacío existencial. Si te niegas alma mía, no me dejes en la sulfurosa duda. 

Hamlet mío dame muerte de una vez por todas, si vuestra intención no es la de redimirme.

Este es el sueño dentro de un sueño, que corroe, que corrompe; alma fugaz, sé conmigo lo que nunca fuimos, sé conmigo más de lo jamás deseaste ser. Regresa a este amante perdido, que espera, que inocula su amor en ti desde tiempos inmemorables. 

Ya, dame muerte Ofelia, no tolero una existencia sin ti, deja de darme respuestas ambiguas, o me das vida o me das muerte; no juegues con los finos hilos de mi cordura, detén esta tortura de ambiguos de acordes. Mátame o muérete, que en esta soledad, en esta angustia, suspiro y en suspiros se me va la vida, esperando tu vuelta, tu palabra, tu locura.

Intento remediar mi vacuidad. Ser Poros, de ti..

Ya no puedo más, con tu dialéctica, ya no más. ¿Vuelves o te marchas? ¿Eres mío o me dejas?

Muero, siento que muero, cada una de mis fibras internas se retuercen, los interoceptores comienzan a segregarse, a corroerme, haciéndome perder la calma, la poca cordura que me sobra en la añoranza de tu respuesta. Cada respiro es fatal, cada segundo sin respuesta es una daga clavada en mi vientre. Me asfixia la espera, me impacienta el conocimiento. Mátame o sálvame Ofelia, mándame a las sombras o dale venganza a mi olvido.

Desahuciada, estoy colmada.

viernes, 11 de enero de 2013

Suena tan hermoso, como si con ella pudieras recorrer los más ínfimos lugares de la tierra, con el alma expuesta, destilando adrenalina, elevase en un éxtasis de rapidez y furor. Recorrer las entrañas de Gaia, un solo individuo rodante, buscando, persiguiendo, no al de enfrente, a sí mismo, en una carrera contra el tiempo, buscando sus deseos, intentando encontrar su verdadero ser. La amalgama perfecta, la compañera de viaje, el sublime deleite ante la fusión natural.
Anhelante, expectante intentento encontrar algo más allá de tu llano logos, algo inherente a la mutua seducción por la caida. El vértigo, hace de las miradas estrellas bailarnas coreografiando la danza de la profunda pasión intrínseca a cada uno; incitados por el vertiginoso camino, la rapidez como primer principio. La extensión de las piernas: las ruedas; la extrensión de la memoria: la cámara. Fotógrafa y Rodante; Rodante y Fotógrafa, volcados en una búsqueda de adrenalina. El suelo serpenteando bajo los talones; las planicies, las cordilleras inmutables, a nuestra humana y mutable comprensión, vagan a los costados, como la cinta de un filme; mientras nosotros somos los enfocados, pequeños y lejanos sujetos cuya existencia ha quedado grabada en un perecedero paraiso imaginario.
Descendemos lentamente de nuestra muerte excitante, alucinantes, admiramos nuestra propia decadencia, nuestro paroxismo llegando a su fin y sumiendonos en un infinito sopor, desaparecemos siendo uno con los dedos de muerto.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Los silencios se empalma, las noches se compactan, todo tú eres escencia, presencia, la que tanto adoro, la que tanto añoro. La lejanía de los sucesos, la distancia entre los cuerpos, los silencios dichos, las palabras calladas, nada en este cuerpo puede ser arrepentimiento, la preferible y cercana lejanía que representamos, alivia mi antiguo desconsuelo, tus pasiones jamás apagaron las mías, pero el espíritu dominante, se sosegó a si mismo, interrumpiendo, encapsulando su intempestividad, su arrojo, su potencia. Una sensibilidad exacerbada, lágrimas impregnadas de recuerdos. Palabras frías y secas, ojos escondidos, rojos, imprescindibles para mantener la cordura, la sensatez y no perderse en el delirio del dolor, producido por el incesante recuerdo, que a su vez es motor y a veces, ancla.

Infinito, eterno, permaneces, como una fotografía a través del tiempo, tu imagen en mi memoria, se desgasta, poco a poco los sesgos de tu voz, de tu cálido abrazo, de tu exacerbada pasión, me abandonan, huyen a los llamados más vehementes de mi memoria, ignorándome, pasan de largo si les llamo, si les encuentro y revivo, las segregaciones comienzan, los exteroreceptores estimulan a las glándulas a manifestar el sentimiento, el escalofrío, sólo para que mires y atestigües tu propia decadencia.

Hasta las más intensas pasiones, pueden ser sofocadas por el contacto de cuatro labios urgentes. 
Cuerpo a cuerpo, labio a labio; ojos que devoran ojos y se comunican con fuego. Sueños que regresan del pasado y se mesen en la tela de una araña, jugando, bailando ante el abismo de los deseos, de las pasiones, el abismo que devora, no de devuelve, a cuyo fondo nunca se llega, porque en la caida consume. El peso, asfixiante, suicida. Encuentra tu libertad, vuela, si puedes; si no, siéntate, toma el té, olvida el fuego, olvida el cielo. Pequeñeces que arden, que crecen, que devoran, que matan.

Sueña que sueña que siente y goza;sueña que suela que es viento y goza; sueña que se sueña mariposa. Vuela, revolotea entre las veredas, vuela, revolotea entre las luces, vuela, revolotea noche a noche; vuela, regresa; ¿Se sienten sombras? Quema pero no mates. No mates; remueve la costra. Quita la costra expón la herida. Exhibe tu herida, muestra tu dolor, palpitante. Échale alcohol, unete al carbón. Quema.

No es metáfora



-Esto es algo extraño, complicado, y todavía no lo entiendo, ¿Cómo es que después de tanto tiempo aún no? Le estimo, sí, mi fijación grande, sin embargo, no existe sentimiento que me lleve a él. Sé que él me ama, lo clama a gritos, vocifera sus pasiones, su arrojo demanda las mías-
Estuve con él, un receso, encontrándome con su pasión, la redención, absorta en aquellos parajes que me incitan a perderme en ellos, entregándonos al hedonismo puro nos desenvolvemos como entes sin cuerpo, libres; el logos, nos libera y nos eleva, nos hace perdernos y sin embargo, sus preguntas siempre han de rasgar el velo con su inoportunidad, sus dudas se disparan; las mías, se concentran en un solo pensamiento que me obliga a caminar a paso lento y consternado, filtrándose siempre en mi mente. Puede que atraigas con miel, abejas; pero la miel a largo plazo, empalaga; sin medida, concentrada: hastía.
Sin embargo, sé, ja, creo que la imposibilidad, ha llegado a su fin, sus ruegos, al fin serán saciados, el ideal, satisfecho.
Le encontré mientras deambulaba yo en mis típicos paseos lunares, esperándome, sentado; miróme con los ojos llenos de preguntas, gentilmente le besé.
-Debemos hablar- fue lo que emanó de mi boca de mirto congelado; miré el efecto de mis palabras, en su rostro compungido, adolorido, aturdido; todo su caos de emociones se reflejó en el trémulo hilo que emanó de sus labios.-¿Qué sucede?-
-Tú clamas por amor, yo no tengo manera correcta de darte lo que tanto anhelas.
-¿Después de tanto tiempo? ¿Cómo...? ¿Acaso hay forma de que me ames?
Mi ética impedíame revelarle que aquello que tanto anhelaba, sólo podría ser alcanzado por el sacrificio glorioso de la inocencia.
Me vio dubitativa, el anhelo, el deseo, el miedo asomados tímidamente
- ¡DIMELO, HARÉ LO QUE SEA POR TI!
Comencé a sentir mi clamor interno, el deseo corroyéndome las venas, la única posibilidad…
-Te quiero a ti.- esa fue mi respuesta, contrariedad pura emanó de sus ojos, sabía que no había yo terminado, expectante, esperaba a que prosiguiera, que expresara su única posibilidad de conquistar, el sentimiento de sentimientos, es más idolatrado, el menos alcanzado; de cautivar la búsqueda, la pasión, el arrojo. Encontrar la fuente de las pasiones e impregnarla de burbujas. Continué, tímida, después, apasionada y demandantemente: -Sí, a ti, ye quiero a ti, a tus ojos color miel, tu cabellera castaña, tu sonrisa cautivadora; a tu ser, tu vida, tu alma. Y por sobre todas las cosas, tu corazón...
-Por ti, hasta la vida misma.- En aquella exhalación, el aire, los colores habían huido se su rostro comprendiendo que mis peticiones eran cualquier cosa, menos sencillas: demandaba, un sacrificio de amor, por amor.

Pulsante, es, lo que soy, con el corazón en la garganta y su canto apabullante, obnubilando mis sentidos, los estertores llenaban la sala. Convulso, entregado es lo que puedo decir de su estado.
Nada cabe dentro de mi, me siento por explotar.
Su pasión y entrega, su idealismo, ahora me he dado cuenta de lo que verdaderamente significan para mi, lo que me inspiran, el paroxismo al que me llevan. Le he poseído, por completo, le he descubierto, tal cual es.

Él es infinito, eterno en mi.

Ahora es mío, le amo. Nadie, nada, no existe poder en esta tierra que ose y que consiga llevárselo de mi. Puesto que yo, yo, ahora amante, soy la única, que posee el último átomo de vida, que escapó de sus ojos, el último trueno que emanó de su intempestivo corazón, ahora poseo, por completo, a su corazón, en un frasco con formol.

Eleva, sube, baja.


Sé, que no fui tu más grande, tu más excelso anhelo, no fui quien para elevarte, extasiarte en la conmoción por la espera; por el suceso.
Te invento, te sueño, te recorro; en cada esquina te encuentro, anhelante, sucesiva, tan pausada, tan rítmica, pudiendo llevar el son de mil amantes, decides llevar mi son, elevarme, extasiarme, empaparme en sensaciones, en emociones, desconocidas, infinitas, no es necesario hacerme gigante, no son necesarias las habichuelas, cuando puedo tener mil y un pedacitos de cielo,
El ritmo que lleva, susurrante, suspirante, trémulo quizá, al expectador atento, al expectador deleitante (deleitoso) al borde, al borde, al origen, a la duda, y entre truenos y relámpagos, a la respuesta de la pregunta olvidada, la pregunta esencial, fundamental; perenne mientas nosotros lo seamos, sempiterna, para el común denominador, el susurro sensual y estremecedor, para el que lo escucha por primera vez. Un placer deleitoso, musa eterna, para el que busca y nunca encuentra. Eleva, sube, baja; eleva, sube, baja; eleva, sube, baja; eleva, sube, baja; eleva, sube, baja, instantes; eleva, sube, baja, sensaciones; eleva, sube, baja, emociones; eleva, sube, baja, roca del cielo, dominio dominado; eleva, sube, baja sublime suplicio; eleva, sube, baja; eleva, sube, baja, toma, rompe, hiere; eleva, sube, baja; siempre, nunca, muere.
Nada amanece, todo envejece.

Rerum tanta novitas


No creo que exista algo que sea coherentemente expresable a su respecto, aún no decido si merece mis palabras, el plasmarlo, su existencia, la huella que ha dejado, no sé si lo merezca, sólo soy consciente de la furia, la molestia que desató, el torbellino de confusión convirtióse en sentimientos encontrados, en sensación de uso, en dejo de una soledad más latente, en zapatos vacíos, espejos, ídolos rotos. No pude mirar el lienzo que ojos ajenos me plasmaron, ni siquiera mi propia Satanización, no pude ver más que ignorancia, incomprensión, creencias de deseo, de voluntades truncadas mal dirigidas hacia dos terceros, no pude ver más que un deseo nunca logrado de satisfacer un ideal, una idiota culpa que se arrastraba hacia su Dios de religión, incoherencia acto-palabra, nunca por su honor, siempre por su cobardía, nunca entregóse completamente al afán de eros, nunca, nunca fue Poros, nunca fue Penia y yo sintiéndome Poros cuando según su, era nada, dejando que los marineros del alma subieran a cubierta y recitaran las glorias contenidas en mi, alzando velas y dejándome fluir, sólo llegué a ser quien no bastó, desató mi molestia el pobrecitearme, yo no soy a quién compadecer y si tienen lástima, daros media vuelta o cubrid vuestra maja mirada que la melancolía no es crimen, no es enfermedad  no es depresión, sólo es pudibunda y fértil bilis negra. Aún no decido si quiero que seas, puedo simplemente borrarte, no existirías, serías indecible, innombrable, pero eres tan memorable, tristemente, por los efectos que algún día causaste, que no sé si merezcas mis palabras, pero aún así, ya están dadas.

Nada de estar, nada de quereres profundos, nada que sea verdad, nada que valga la pena. Sólo yo y mi extraña facilidad de ver, de saber lo que ellos, no encuentran, lo que yo, desearía jamás haber sabido; si no deseara más, la verdad y la realidad.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Magdalena

Cómo osas, cómo osan a pretenderme convertir, pretender hacerme creyente; si cada vez que he intentado hablar con él, me da tajante la espalda, yo, a mí que jamás que dejado de hablar de él y por tanto, de fundamentar su existencia, mi única petición siempre ha sido: más tiempo, más, sólo la he hecho dos veces, ambas he sido ignorada.
Cómo osas que crea en ti, si ella, devota, rogabate la muerte y tu oh glorioso la ignorabas mientras ella se consumía en la soledad, mientras aquellos agujeros le carcomían el alma, mientras sus visiones de instrucciones para bienmorir me mataban. Y entonces, después de olvidar las plegarias y ruegos, ella murió.