Infinito, eterno, permaneces, como una fotografía a través del tiempo, tu imagen en mi memoria, se desgasta, poco a poco los sesgos de tu voz, de tu cálido abrazo, de tu exacerbada pasión, me abandonan, huyen a los llamados más vehementes de mi memoria, ignorándome, pasan de largo si les llamo, si les encuentro y revivo, las segregaciones comienzan, los exteroreceptores estimulan a las glándulas a manifestar el sentimiento, el escalofrío, sólo para que mires y atestigües tu propia decadencia.
Hasta las más intensas pasiones, pueden ser sofocadas por el contacto de cuatro labios urgentes.
Cuerpo a cuerpo, labio a labio; ojos que devoran ojos y se comunican con fuego. Sueños que regresan del pasado y se mesen en la tela de una araña, jugando, bailando ante el abismo de los deseos, de las pasiones, el abismo que devora, no de devuelve, a cuyo fondo nunca se llega, porque en la caida consume. El peso, asfixiante, suicida. Encuentra tu libertad, vuela, si puedes; si no, siéntate, toma el té, olvida el fuego, olvida el cielo. Pequeñeces que arden, que crecen, que devoran, que matan.
Sueña que sueña que siente y goza;sueña que suela que es viento y goza; sueña que se sueña mariposa. Vuela, revolotea entre las veredas, vuela, revolotea entre las luces, vuela, revolotea noche a noche; vuela, regresa; ¿Se sienten sombras? Quema pero no mates. No mates; remueve la costra. Quita la costra expón la herida. Exhibe tu herida, muestra tu dolor, palpitante. Échale alcohol, unete al carbón. Quema.
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