viernes, 11 de enero de 2013

Suena tan hermoso, como si con ella pudieras recorrer los más ínfimos lugares de la tierra, con el alma expuesta, destilando adrenalina, elevase en un éxtasis de rapidez y furor. Recorrer las entrañas de Gaia, un solo individuo rodante, buscando, persiguiendo, no al de enfrente, a sí mismo, en una carrera contra el tiempo, buscando sus deseos, intentando encontrar su verdadero ser. La amalgama perfecta, la compañera de viaje, el sublime deleite ante la fusión natural.
Anhelante, expectante intentento encontrar algo más allá de tu llano logos, algo inherente a la mutua seducción por la caida. El vértigo, hace de las miradas estrellas bailarnas coreografiando la danza de la profunda pasión intrínseca a cada uno; incitados por el vertiginoso camino, la rapidez como primer principio. La extensión de las piernas: las ruedas; la extrensión de la memoria: la cámara. Fotógrafa y Rodante; Rodante y Fotógrafa, volcados en una búsqueda de adrenalina. El suelo serpenteando bajo los talones; las planicies, las cordilleras inmutables, a nuestra humana y mutable comprensión, vagan a los costados, como la cinta de un filme; mientras nosotros somos los enfocados, pequeños y lejanos sujetos cuya existencia ha quedado grabada en un perecedero paraiso imaginario.
Descendemos lentamente de nuestra muerte excitante, alucinantes, admiramos nuestra propia decadencia, nuestro paroxismo llegando a su fin y sumiendonos en un infinito sopor, desaparecemos siendo uno con los dedos de muerto.

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